
Pasó 1 año desde que te conocí y me dí cuenta que mi forma de quererte no era hermanable. Lo peor es que era mutuo.
Podíamos pasar horas y horas hablando de tus tormentosas relaciones o simplemente de cómo te sentías en especial ese día. Más de una vez lloraste conmigo, sólo conmigo. Era extraño, no te acomodaba ningún hombro ajeno; parecía que el mío estaba diseñado para tus lágrimas.
Que nos faltó, no lo sé. Juntas lo teníamos todo, menos la entrega.
Siempre acepte de la boca para adentro que te amaba. Y tú lo sabías. Sí, lo sabías, sólo que era más grande el miedo que el amor.
De igual manera, siempre te empujé a que te dieras una oportunidad con "aquellos", aunque por dentro me mataba imaginar lo mucho que podrían hacerte sufrir. Eras tan frágil, y yo estaba tan dispuesta a protegerte.
Estuve a punto, a días, de convertirme en algo que no quería.
No podía, más bien no quería evitar sentirte tanto. Además, ¿Para qué? si eras todo en mi mundo.
Pero como toda historial real, no podía terminar bien. Me alejaste de tu lado, e hiciste sentir que el resto era más importante que yo. Ahí murió mi amor nada hermanable.
Pero para mi suerte, y para tu desagrado, llegó ELLA a mi vida. Sanó mis heridas y me dio todo el amor que me habías quitado.
Al comienzo, era imposible pensar unirte a ti, a ella y a la palabra novia en la misma sala. Pero en el proceso maduramos, y entendimos que nuestra relación no tendría buen fin. Así que también me cediste la oportunidad de probar ser feliz. Y lo soy. Valla que si.
& ahora tienes tu vida. Una hija hermosa, que espero tener parte importante en su vida. Cuando seamos ancianas prometo contarle nuestra historia. & a ti, bueno a ti te amo. De la forma mas hermanable posible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario